Al margen de que el Sport Boys clasifique o no para la próxima edición
de la Copa Libertadores (lo cual creo, honestamente, que no merecemos, aunque muy
probablemente accederemos a ella "por la ventana", en hombros de Universitario),
quisiera empezar a pensar en lo que será la próxima campaña rosada en el Apertura 2001,
ahora que el campeonato Clausura 2000 ha entrado ya en su etapa final.
Si alguna enseñanza nos ha dejado la pésima campaña del Sport Boys en el torneo
Clausura, es que un equipo de fútbol profesional no puede manejarse "a la
criolla", con decisiones tomadas con el hígado, improvisando e incurriendo en
marchas y contramarchas tan ilógicas como perjudiciales en medio del proceso.
Tampoco podemos caer en la inconsistencia y la contradicción, diciendo una cosa y
haciendo otra, como por ejemplo: hablar hasta por los codos de una hipotética
clasificación a la Copa Libertadores y al mismo tiempo desprenderse precisamente de los
jugadores que hubiesen sido vitales para la consecución sin sobresaltos de tal objetivo.
Resultado: el equipo se cae a pedazos, huérfano de talento y librado a su suerte en pleno
campeonato Clausura.
Quisiéramos a continuación aportar algunas sugerencias destinadas a evitar que la
escuadra rosada vuelva a atravesar por la penosa situación en la que hoy se encuentra.
En primer lugar, antes de empezar el nuevo campeonato, debe hacerse un presupuesto serio y
realista de ingresos y egresos, para ver con que recursos se podrá contar para enfrentar
la campaña. En el rubro de ingresos, deberán contabilizarse los ingresos
correspondientes a la taquilla estimada de los partidos oficiales, la taquilla estimada de
partidos amistosos, los ingresos por concepto de transmisión televisiva, el dinero
procedente de la transferencia de jugadores, el auspicio del proveedor de la indumentaria
deportiva, el pago por publicidad en la camiseta, ingresos por "merchandising",
cuotas de socios, aportes personales de hinchas, etc. Estos recursos formarán la base
sobre la cual se debera armar el plantel.
El paso siguiente, es determinar cual va a ser el objetivo a alcanzar por el equipo. Es
decir, queremos armar un equipo para:
a) Pelear por el título y clasificar a la Copa Libertadores.
b) Ser animador del torneo aunque no se logre el título ni la clasificación a torneos
continentales de importancia.
c) Terminar ubicados "a media tabla".
d) Salvar la categoría y ganar algunos partidos.
Obviamente, un equipo como el Sport Boys, por historia y tradición, sólo puede
aspirar a alguno de los dos primeros objetivos.
Para pelear el campeonato, es imprescindible que el equipo cuente con una columna
vertebral "arquero-defensa-medio campo-delantera" sólida y eficiente, con por
lo menos un jugador de primerísimo nivel en cada una de las líneas. El Sport Boys los
tenía hasta hace muy poco, pero la dirigencia rosada no supo, no quiso o no pudo
mantenerlos: John Tierradentro en la defensa, "Kukín" Flores en el medio campo,
y Abel Lobatón en la delantera. Apenas fueron transferidos, el equipo se derrumbó y
jamás levantó cabeza. La respuesta de los dirigentes: cambiar al entrenador (con los
resultados que todos conocemos).
El segundo objetivo, el de ser animador del torneo, está plenamente al alcance del
equipo con los recursos que se tienen. Este objetivo debe poder lograrse simplemente con
jugadores jovenes y algunos refuerzos de jugadores con trayectoria (aunque no
necesariamente de primer nivel), siempre y cuando todos ellos salgan a
"romperse" en la cancha todos los partidos. Esto es lo que sucede con algunos
equipos de provincias, como el Alianza Atlético, el Unión Minas, o el Pesquero, que sin
contar con jugadores de excepción se han dado maña para hacer un papel decoroso en el
campeonato Clausura y estar prendidos de los primeros lugares.
El Boys del Clausura es la otra cara de la moneda: se observa un desgano alarmante en
sus jugadores, que va en contra de la imagen aguerrida y luchadora que siempre proyectó
el cuadro rosado (que aun sin tener figuras de renombre, se dio siempre maña para ganarle
o complicarle la vida a los equipos llamados grandes a punta de garra y pundonor).
Con las excepciones de Tempone, Silvera y Martínez Troncoso (aunque los errores de
éste último le han costado al equipo muchos goles en contra) el resto del plantel
muestra una complacencia desesperante, que ha conducido a que nuestros rivales se crezcan
ante nosotros y terminen llevándose puntos que bajo todo punto de vista debían haber
sido rosados. Aparte del aspecto anímico, hay también jugadores que no cuentan con los
atributos técnicos como para formar parte de un club con la historia y tradición del
Sport Boys.
Para el próximo campeonato, esperemos que pueda contarse con un equipo de primerísimo
nivel para pelear el título nacional y clasificarnos sin sobresaltos a las próximas
ediciones de la Copa Libertadores. Y, si no están disponibles los recursos, exijamos que
por lo menos se arme un equipo que esté en condiciones de ser animador. Podemos hacerlo
con los jóvenes valores que ya empiezan a destacar (Zagaceta, Prieto, Iglesias,
González, y hasta Lobatón, si se lo propone), y con refuerzos de jugadores con
trayectoria que deberán sumarse al equipo para así lograr un óptimo balance de juventud
y experiencia. Y que de una vez por todas se dejen libres a aquellos jugadores que durante
el presente torneo Clausura no hayan dado todo de sí ni rendido lo que de ellos se
esperaba, propiciando esta debacle que tiene a la hinchada rosada dolida y alejada de las
canchas.