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04.09.00
Sobre Perú y las Eliminatorias
CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

Por Mario Sánchez

Por más que al sentarme a escribir esta nota traté de encontrar un titulo original que resumiera en pocas palabras el tema a tratar (que no es otro que la virtual eliminación peruana del campeonato mundial de fútbol del 2002) no pude encontrar mejor frase que la que utilizó el laureado escritor Gabriel García Márquez para bautizar una de sus más exitosas novelas.    Es por ello que, corriendo el riesgo de ser considerado poco original, y con el permiso de don Gabriel, paso a comentar sobre esa muerte anunciada en que se convirtió la campaña pre-mundialista de la selección peruana de fútbol, liderada, como ya lo habrá advertido el lector agudo, por otro colombiano diestro en el arte de la ficción.

Para ubicar las cosas en el contexto apropiado, recordemos dónde estaba la selección peruana de fútbol hace menos de cuatro años, en pleno proceso eliminatorio anterior.  Prácticamente con la misma base de jugadores, pero con la presencia de Juan Carlos Oblitas en la dirección técnica, Perú logró ir de menos a más, quedando fuera del mundial únicamente por diferencia de goles.  Pero más allá de los resultados, es justo rescatar del olvido un aspecto positivo fundamental de aquella campaña, que resultó a la postre más importante que el hecho circunstancial de que se haya o no logrado la clasificación al mundial:  Perú era, durante la era Oblitas, un equipo ordenado y tácticamente disciplinado.  Es decir, se notaba la mano del técnico, y que la lección impartida había sido aprendida y llevada a la práctica diligentemente por sus aplicados alumnos.  

Es por ello que el aficionado peruano, en el último partido de la eliminatoria pasada (en que se venció a Paraguay en Lima), despidió a su selección en medio de nutridos aplausos a pesar de no haber logrado el objetivo de clasificar.  Y es por eso, también, que quedó en el aficionado una sensación de tranquilidad, al entender que la mesa estaba servida, y que en cuestión de sólo cuatro años más el fútbol peruano recuperaría el protagonismo del que gozó durante la década del ‘70 y buena parte de los ‘80.

Es por eso que duele tanto el fracaso de la era Maturana, al ver como todas esas expectativas se fueron evaporando tan rápidamente, con cada presentación de nuestra selección.  Resulta sumamente triste ver a este Perú jugando a nada, con once jugadores deambulando por la cancha librados a su suerte y a lo que pueda aportar la inspiración, apagada por completo desde hace fechas, de algunos pocos jugadores.

No se nota, pues, ningun planteamiento definido, ninguna disciplina táctica, ninguna continuidad en el proceso, ninguna mejoría en el nivel de juego (por el contrario, el equipo cada vez juega peor).  Si bien algunos jugadores clave no han rendido lo que de ellos se esperaba, lo que más brilla por su ausencia es algun indicio del trabajo del técnico.  ¿Cuál ha sido el aporte de Maturana en esta selección? ¿cuáles han sido las enseñanzas impartidas? ¿cuál ha sido el beneficio que el fútbol peruano ha derivado de su presencia al frente de la selección, a cambio de las decenas de miles de dólares que salen mensualmente de las arcas de la Federación Peruana de Fútbol para cumplir con el pago de sus abultados honorarios? 

Estas y muchas otras son las preguntas que deberán responderse en las próximas semanas, si es que queremos que de todo esto se destilen por lo menos algunas enseñanzas que nos permitan tomar mejores decisiones en el futuro. 

Una conclusión que desde ya podemos adelantar es que sobre los cimientos dejados por este proceso eliminatorio difícilmente podrá construirse algo bueno.  Tocará pues, una vez más, empezar de nuevo. 

Rogemos que, en primer lugar, los dirigentes que manejan los destinos de nuestro fútbol se aboquen a la búsqueda de un técnico capaz y honesto, que entienda nuestro medio y nuestro fútbol (con todas sus virtudes y defectos), y que esté dispuesto a desarrollar un trabajo a futuro.  Como requisito mínimo, deberíamos exigir contar con un profesional que sea menos verbo y más acción; menos trajecito a la medida y más polo, buzo y zapatillas; menos refinamiento y más sudor; menos visitas al hipódromo y más a los estadios.

Aunque, según parece, lograr el alejamiento de Maturana de la selección podría convertirse en un sueño aun más difícil de lograr que la propia clasificación.  Y nos estamos refiriendo a la famosa “cláusula del millón de dólares” que nuestros visionarios dirigentes firmaron, y que convertiría a Maturana automáticamente en millonario si se le rescinde el contrato.   Esta “cláusula”, que ha trascendido en diversos medios de comunicación en los últimos días (y que en lo personal nos deja horrorizados, por lo mal que hablaría de la capacidad de los dirigentes encargados de la negociación) es sin duda algo que debe ser investigado al más alto nivel, y aquellos dirigentes que avalaron con su firma una situación tan desventajosa para los intereses de la afición y del fútbol peruano en general, deberían ser los primeros en irse a sus casas (incluso antes que el técnico).

 

 

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